Que no se enfríe la primavera

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No hay tiempo para distraerse. Las protestas pacíficas y jornadas ejemplares pueden ser en vano si no demandamos al nuevo gobierno que la construcción continúe.

Aterricé en Guatemala en febrero pasado, el mismo día que regresó Alfonso Portillo. Su postulación como candidato a diputado y la forma en que fue recibido, no daban buen augurio.

Como periodista, venía preparado a contar la historia del año electoral. Lo que nunca imaginé fue que presenciaría un momento tan histórico como el del 44.

Sucesos impensados pasaban a diario. El golpe maestro a La Línea. La renuncia de la vice y luego su captura. La muralla humana en las afueras del Congreso para que cayera la inmunidad del mandatario. La renuncia, la audiencia pública y la prisión preventiva de Pérez Molina. Y por si fuera poco, ex jueces, magistrados y ex funcionarios cayendo como moscas por corrupción.

Me tocó entrevistar a Iván Velásquez un 1° de septiembre, el mismo día que don Otto Pérez perdió la inmunidad. Cuando uno de sus compañeros de Cicig le susurró al oído la cantidad de votos a favor, no interrumpió la reunión. Continuó imperturbable pero con un alivio en sus ojos que solo mi colega y yo atestiguamos e interpretamos.

Una primavera diferente

Era otro golpe a favor de la democracia. ¿Una primavera como la de los países árabes? Quizás en lo único que se parece es en el hastío ciudadano con una actitud irresponsable y abusiva de la gestión pública. Los sectores medios –con protagonismo de los jóvenes– fueron los indignados que dejaron en evidencia a sus gobernantes, con hashtags y pancartas como armas.

Pero la primavera árabe no es un ejemplo a seguir. Derrocamientos, rompimiento del orden constitucional, asesinatos, auto-inmolaciones, insurgencia rebelde, violencia ideológica y religiosa, represión militar y hasta guerras civiles son el triste saldo de esas malogradas revoluciones.

Nada de eso vivió Guatemala. Todo ha sido dentro de la ley, en medio de paz y democracia.

¿Cómo hacer para que no se enfríe?

Por eso el 2015 bien puede ser el fin de una era de abusos. Ahora entiendo por qué el debate de ideas y el contenido de planes de Gobierno no fueron relevantes en el proceso electoral. Muchos partidos políticos olvidaron que son organizaciones ciudadanas y no empresas electorales.

Por eso la primavera no se debe enfriar. El pueblo no se puede distraer ni subestimar lo logrado este 2015. La pacífica revolución no puede depender de la euforia de las noticias mediáticas.

Es claro que uno de los primeros pasos a seguir es “resetear” la forma de hacer política en Guatemala, de escalar al poder y de ejercer la representación ciudadana.

La fiscalización sobre el Congreso debe continuar, y la reforma a la Ley Electoral y de Partidos Políticos se afianza como la principal bandera. El sistema perverso en el que se recuestan los partidos políticos es parte del problema, y se perfila a ser el próximo en caer.

La tinta no se puede secar. Hay que seguir reescribiendo esta historia.

Juan Manuel Fernández | Periodista costarricense

Columna publicada en Republica.GT 

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