Guatemala crece, pese a corrupción

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Un año electoral con crisis política incluida contrasta con un crecimiento de 4.1% en 2015, gracias a la solidez de la banca y el comercio. Pese a necesitar credibilidad y transparencia como nunca, Guatemala se aferra a su tejido empresarial competitivo y a su histórica disciplina macroeconómica.

Quien observe fríamente los números de crecimiento real en la economía guatemalteca, no notaría que fue un año de denuncias judicia­les y escándalos de corrupción.

La misma inercia dirige la eco­nomía. Y no sólo el retail tuvo un buen año. “Los servicios financieros son la actividad que proyecta mayor crecimiento para 2016: 9% contra 12% de 2015, y concentran 15% del PIB. Seguidamente, figura la gene­ración de energía eléctrica, con un crecimiento de 4.5%”, describe José González Campo, presidente de la principal gremial del sector privado, el Comité Coordinador de Aso­ciaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras (Cacif).

“La banca lleva unos cinco años como sector de mucha potencia, ren­tabilidad alta y liquidez. En 10 años se ha duplicado la bancarización de la economía”, complementa Enrique Godoy, comisionado presidencial de Desarrollo Urbano, Competitividad Local e Infraestructura Crítica.

De manera que las empresas que prestaron servicios, maquinaria o bienes a los sectores que crecieron durante 2015 fueron las que mejor ini­ciaron 2016. J

Por el contrario, los sectores de minas y canteras —asociado al tema de conflictividad social— y la cons­trucción frenarán su crecimiento. Este último tendría una proyección de apenas 2.8% de crecimiento (frente a 3.4% de 2015), principal­mente por un tema de permisos y burocracia, más que de mercado, estima Godoy.

Componente corrupción

Con este contexto de inversión a nivel interno y externo, cabe la pregunta: ¿se ha mantenido la crisis política y de transparencia al margen de la economía?

Desde que la Comisión Interna­cional contra la Impunidad en Gua­temala (Cicig) desenmascaró, junto con el Ministerio Público, el caso de defraudación tributaria conocido como La Línea —abril de 2015—, una desbandada de capturas, casos de corrupción y procesos judiciales no ha sido indiferente al clima de negocios del país.

A nivel de inversiones, según el politólogo Renzo Rosal, se entrevén dos mensajes. Por un lado, dice, el país logró destapar cuerpos ilegales en el poder a todo nivel: empresarios, ex­ministros, diputados, alcaldes y hasta el expresidente. Pero, por otro, “se evidencia que este país está altamente contaminado” y que operar por medio de sobornos, por mucho tiempo, fue “pan de todos los días”.

Así que, pese a la dura transición política, la inversión siguió fluyendo y el consumo se mantuvo dinámico, sobre todo en un año que coincidió con la caída histórica en los precios de las materias primas.

Pero esto no quiere decir que la crisis política no afectó el bolsillo del empresario, aunque sea de for­ma indirecta. Emilio Méndez, uno de los emprendedores más emble­máticos, cree que los casos de co­rrupción denunciados sí afectaron los negocios. Al menos los suyos.

“El año fue marcado por el tema político y fue más difícil de lo que esperábamos. El 2016 inició con la misma inercia, con un crecimiento muy mesurado”, afirma.

El esquema de alianzas público-­privadas resulta el más viable para el desarrollo de infraestructura, desde la perspectiva empresarial. En el caso de Guatemala, se coordinan a través de la Agencia Nacional de Alianzas para el Desarrollo de In­fraestructura Económica (Anadie).

En esta línea, Juan Pablo Carrasco, de AmCham, señala que el Portafolio de Inversiones de Alianzas Públi­co-Privadas compila una cartera de proyectos, cuya inversión asciende hasta 9,000 mdd. Dichos proyectos incluyen desde un tren de cercanía, hasta un puerto seco intermodal (Tecún Umán), pasando por mejoras viales y aeroportuarias. También una red nacional de transporte de gas natural.

“Pero antes de ejecutar todos esos proyectos, hay que construir meca­nismos de gobierno y transparencia, porque cuando se vayan a licitar, la población no va estar tranquila de que se va a negociar sobre la mesa (y no debajo de ella)”, insiste Godoy.

Con tan sólo unos meses trans­curridos del nuevo gobierno, ya los empresarios resienten la ausencia de señales para incentivar la inversión.

González Campo, de Cacif, urge la promoción de clústeres producti­vos específicos y la selección de los territorios que pueden ser destinos de nuevas inversiones.

Sostener la credibilidad del Estado es, entonces, el primer reto de la economía para terminar de “desmarcarse” completamente del fantasma político de 2015. Con esto vendrá la certeza que tanto piden los empresarios. “Si tenías que pa­gar a alguien para poder instalarte en Guatemala, eso genera un gran desincentivo a la inversión”, añade Godoy.

 

Artículo completo publicado en Revista Forbes

 

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