El fotógrafo que pisó la alfombra roja

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Con solo 30 años, un estudiante nicaragüense de cine llegó adonde muchos productores luchan toda una vida. Gabriel Serra estuvo cerca de acariciar el Oscar con sus propias manos en 2015, gracias a su corto documental ‘La Parka’. A partir de allí, todo sería diferente.

Juan Manuel Fernández C.

Le dio la mano a Marion Cotillard. Conoció al director de fotografía de los hermanos Coen y presenció a solo unos metros cómo el primer latinoamericano –Alejandro González Iñárritu– ganaba un Oscar por la Mejor Película.

El logro del nicaragüense Gabriel Serra retó los límites de lo que un productor o director centroamericano puede alcanzar en países donde todavía no existe una industria de cine.

Con más de 10 años en el mundo de la fotografía cinematográfica, el corto documental de Gabriel Serra titulado ‘La Parka’, fue nominado al premio Oscar de la Academia norteamericana en 2015.

Aunque en esta oportunidad no ganó la estatuilla, las ganancias por la exposición que tuvo su documental son difíciles de calcular: 45 premios en más de 60 festivales internacionales, que incluyen el ‘New Film Directors’ de Nueva York y una exposición jamás pensada para un trabajo universitario.

“Los primeros días después de la noticia (de los Oscar) fueron de alta adrenalina. Daba 10 entrevistas diarias… hasta que tuve que parar para volver al trabajo” confiesa.

¿Cómo se gesta el éxito de una producción de clase mundial?

Génesis de una producción soñada

Una conversación casual con un piloto de autobús le cambiaría la vida. “Cuando me mudé a México en 2008, quedé sorprendido –positiva y negativamente, dice– por la cantidad de carne que consumen los mexicanos y por el número de taquerías a disposición”, argumenta Serra.

La plática con el conductor incluyó de todo. Desde el mito que a muchas taquerías informales llega carne de perro… hasta detalles sobre los mataderos de reses y de cerdos más industrializados en las afueras del D.F., en el Estado de México.

“Yo lo puedo llevar a la zona de los rastros, tengo contactos”, le dijo el osado transportista.

Con su olfato de comunicador en un hombro, y su cámara en el otro, Serra emprendió una producción que en principio sería una tarea académica, pero luego se convertiría en la vitrina internacional de todo un país.

“Comencé a imaginarme cómo una ciudad tan grande, de 25 millones de habitantes, recibía tanta carne y de dónde provenía. Visualizaba los millones de cabezas de vaca unidas a millones de personas” recuerda el cineasta.

De allí el argumento del corto de media hora: un protagonista, Efraín, quien lleva 20 años sacrificando vacas en un matadero del municipio mexicanista de La Paz, y que reflexiona sobre la muerte. Él mismo es la parca de miles de cabezas de ganado que han pasado por sus herramientas.

Para Serra, un buen documental debe profundizar en una mirada, y desgranar un tema hasta las entrañas. En un sentido literal, “La Parka” lo logró.

“Me gustan las películas viscerales, que generen reflexiones y sensaciones en la persona, yo quería primero la sensación y luego la producción. Contar un tema universal visto desde una persona que lleva 20 años matando animales, y su punto de vista sobre la muerte” sentencia el nicaragüense.

En una especie de ejercicio contradictorio, buscaba enlazar una historia humana, la del protagonista, con una realidad sobre el consumo de carne y el significado de la muerte misma.

Lo demás es historia. Ocho días de grabación, tres entrevistas al protagonista y ocho meses, sumando el tiempo de producción y post-producción.

Luego llegó la semana de ensueño en Los Ángeles, los festivales, los trajes de diseñador, la limosina –quizás equipada con no pocas raciones de mexcal– que los llevó al magno recinto de los Óscar, y el anuncio de que estaban ante 5 billones de personas el día de la transmisión.

La vida del equipo de trabajo que viajó, el sonidista, el fotógrafo, el editor y el mismo Serra, daría un giro panorámico desde aquélla oportunidad.

“A partir de allí… el mundo iba a esperar mucho más de nosotros”, recuerda.

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“Yo tenía sed… por eso me fui”

Al preguntarle si hubiera tenido las mismas posibilidades de llegar a los Oscar, si se hubiera quedado en Nicaragua, sin titubear responde un categórico “no”, y continúa: “aquí no hay instituciones académicas fuertes, ni el apoyo que hay en México. Yo tenía una gran sed, por eso me fui”.

Además de la plataforma que le otorgó el Centro de Capacitación Cinematográfica de México (CCC), su alma mater, Serra considera que el contexto de la temática en el país donde estudió también fue de ayuda.

“Por la idiosincrasia del personaje, y la relación con la carne y con la muerte, nada hubiera tenido la misma resonancia en otro lugar, ni yo hubiera tenido la madurez ni el entendimiento para hacer cine y para crear una historia tan potente como la de esta película” narra el documentalista.

Serra señala tres caminos para que haya un antes y un después de que un centroamericano haya sido nominado a los máximos premios del mundo del cine.

El primero de ellos es tener instituciones académicas de peso en el ramo cinematográfico, “donde se pueda educar, abrir la mente y seleccionar gente con intereses en lo audiovisual” requiere.

El segundo apunta a la eterna demanda de los artistas a sus Gobiernos: leyes y fondos públicos y privados que incentiven las artes y permitan fomentar y vivir de esta actividad.

La última necesidad recae en los individuos. “Es responsabilidad de los interesados levantar propuestas. Este es un momento clave para el cine latinoamericano. Tenemos grandes talentos, como Jayro Bustamante (Ixcanul), o Laura Astorga (Princesas Rojas)” alecciona.

Nacido en 1984 e hijo de un sociólogo argentino y una orgullosa madre de la tierra de Chinandega, Serra pasa sus días entre México, Costa Rica y Nicaragua.

En su tierra natal, además de haber comenzado a escribir una producción del poeta coterráneo Rubén Darío, maneja proyectos formativos para jóvenes promesas en el cine.

Uno de ellos es el que emprende con la actriz mexicana Camila Selser, a través de una productora llamada Cinema Regional.

“Es tiempo también de devolverle al país un poco de lo aprendido afuera. Todos los que hemos tenido la oportunidad, deberíamos hacerlo” demanda.

Mientras se enrumba al interior de Costa Rica para su actual producción, confiesa que los próximos pasos apuntan a dirigir una gran obra de ficción, y seguir en aquél oficio que le cambió todo para siempre: el retrato en la gran pantalla de realidades ‘viscerales’.

Reportaje publicado en Forbes de Centroamérica

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