Chimaltenango: La suma de todos los males en una calle

Pasajeros de camioneta entran y salen bajo el paso a desnivel

Cuando todos se ponen de acuerdo para improvisar un carril que no existe, explotar ilegalmente espacio estatal, o distraer a los conductores con llamativos rótulos, el resultado es solo uno: Chimaltenango.

Juan Manuel Fernández C.

A la derecha, La Bendición. Unos metros antes Ebenezer. Y al fondo, Emmanuel. No son nombres de iglesias, aunque la zona esté forrada con mensajes de “Cristo viene pronto”. El primero es una llantera, el segundo un auto-polarizado, y el tercero, un taller de servicio. Este último tiene el primer verso del Salmo 91, pintado sobre su costado. Y los tipos de negocio se repiten al avanzar lentamente por la famosa recta de Chimaltenango.

Chimaltenango es un departamento lleno de contrastes: a unos metros de los negocios con nombres celestiales, pululan otro tipo de locales más terrenales, donde se ofrecen servicios sexuales, a uno y otro lado de la Carretera Interamericana CA-1 Occidente.

Se trata la sucursal de la frustración para viajeros, traileros y hasta los mismos comerciantes. Es una zona que presenta un único objetivo: pasarla de lejos lo más pronto posible.

El desgaste que provoca este paso a los usuarios incluye pérdidas económicas, estrés, contaminación ambiental de todo tipo, por una cadena de malas decisiones –y también de indecisiones– de gobiernos pasados junto a una ineficiente y fútil gestión de los municipios chimaltecos involucrados.

Cruzamos tres veces en noviembre de 2016 la recta de Chimaltenango, viniendo de la capital: una de ellas, en tráiler, y las restantes a pie y en automóvil, para explorar si el denso tráfico se debe únicamente a limitaciones de infraestructura, o si hay externalidades que alimentan el caos, sobre todo en las horas pico y en los fines de semana.

El Director General de Caminos, Armando Fuentes, asegura que, en el último estudio realizado a finales de 2015, el número de vehículos que transita diariamente por Chimaltenango es de 20.483: 55% es transporte liviano, y 45% es pesado.

¿Cuánto pierden los guatemaltecos cada vez que van a Occidente por causa del paso por Chimaltenango?

Con los datos disponibles y la asesoría de Eduardo Velásquez, economista y sociólogo del Centro de Estudios Urbanos y Regionales (CEUR) de la Universidad de San Carlos, se sacó un promedio de cuánto pierden los viajeros, tomando en cuenta solo la variable ‘gasto por combustible’. Sin pretender dar un dato exacto, se estimó que todos los días, los guatemaltecos podrían estar perdiendo cerca de 2 millones 594 mil quetzales entre transporte ligero y pesado, es decir, más de Q77 millones al mes.

Una cultura de caos

El calvario empieza en El Tejar. Las camionetas con destino a Quiché, San Marcos o San Juan Comalapa, cargan y descargan de forma agresiva grandes grupos de pasajeros, en el mismo espacio donde los demás vehículos hacen la fila, y muchas veces, en el centro del carril, con el vehículo en marcha.

A ello se suma el tránsito de motocicletas, taxis, buses y tuc-tucs saliendo y entrando a la carretera principal sin que haya semáforos ni señales de por medio. Los oficiales de tránsito se convirtieron en parte de un paisaje cargado de rótulos publicitarios, y hasta un irónico mensaje de ‘Feliz Viaje’, patrocinado por la Municipalidad de Chimaltenango.

El psicólogo social de la Universidad Rafael Landívar, Mariano González, lo diagnostica como una “anomia”, esa desorganización que deviene por la brecha entre las normas sociales y las personas.

El académico acusa que, lo que ocurre en Chimaltenango, es solo una ilustración de que “en Guatemala vivimos sin normas, porque ha habido un Estado que las violenta. Y, si la autoridad no interviene, la gente se empodera más allá de la razón”.

La ruta de las distracciones

Es inevitable omitir los negocios, dada la poca velocidad del recorrido. “Servicio de Grúa Los Cocos”. “Refacciones Isabel”. Pinchazo. “Se venden mojarras, camarones y caldo de gallina”. “Carnitas Lucy”. Otro Pinchazo. “Hotel Happy Dreams: 24 horas a 50 quetzales la noche”. “Monkey Car Wash”. Más Pinchazos.

¿En qué momento se permitió la sobrepoblación de pequeños negocios sobre una autopista internacional? Así respondió Aldo Estuardo García, Ministro de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda (MICIV) de Guatemala: “Hay muchos intereses, gente que viene con sus negocios, cuando el derecho de vía le pertenece a la Dirección General de Caminos, y a veces, (ésta) no lo hace valer.. Entonces el ciudadano se empodera, aunque haya una ley”.

Entonces es el Estado el que no hace valer su derecho. “La legislación le da potestad al Estado sobre el espacio a ambos lados de la vía. En el caso de este tramo en la Carretera Interamericana, que inicia casi desde San Miguel El Tejar y termina en la salida departamental, el Estado no ha tenido autoridad para regular el uso de la tierra para las construcciones, los comercios, las ventas de automóviles y todas las actividades productivas que se desarrollan al lado de la carretera”, dice Velásquez.

“Chimaltenango es un ejemplo clásico de que “cuando el Estado no interviene, el mercado se come la carretera y complica una vía internacional” indica Velásquez, de CEUR. Para Mack, el desorden territorial también fue alimentado por una “total desconexión entre las autoridades locales y las centrales.

¿La suma de todos los males?

Crecimiento desordenado; una vía alterna que nació con intereses partidistas y electorales; un enjambre de camionetas extraurbanas que utiliza a discreción la única vía disponible; usuarios inventando terceros carriles para rebasar y llegar más pronto; comercios ocupando indebidamente territorio estatal; tuc tucs anárquicos circulando y cruzando por una autopista internacional, y un paisaje que separa solo por unos metros iglesias evangélicas de prostíbulos. ¿Tendrá fecha de caducidad el desorden territorial?

Por eso el caso de Chimaltenango podría ser, lejos de la enfermedad, solo un síntoma del sistema, que se repite en puntos neurálgicos por el interior del país, como San Lucas Sacatepéquez, Barberena, Amatitlán, Teculután, entre otras.

El sol empieza a caer, y otro conductor con el motor arrancado pero el auto detenido, se vuelve a preguntar, si Chimaltenango será la suma de todos los males de las calles guatemaltecas reunidos en una sola recta.

Aquí el reportaje completo publicado por Plaza Pública.
Foto: Simone Dalmassio

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