“Hay que quitarse el disfraz de crisis”: Carlitos Páez

Foto: Carlitospaez.com

A muchos la crisis les cambió los planes. El 13 de octubre de 1972, la caída de un avión en la cordillera de los Andes le cambió la vida a 16 sobrevivientes. El mensaje del conferencista uruguayo Carlos Páez es claro: Actitud y humildad. El camino para “sacarse” el disfraz de la crisis.

Por: Juan Manuel Fernández | MAYO DE 2009

En su discurso no hay consejos ni frases cliché para motivar. Tampoco busca evadir el fenómeno que a nivel internacional han llamado “crisis”. Pero sobrevivir a un catastrófico accidente aéreo en plena cordillera de los Andes; sobrevivir al hambre y al frío durante 70 días; sobrevivir a un alud que mató a 8 compañeros más; sobrevivir a los prejuicios por comer o no la carne de los cuerpos muertos de los otros pasajeros para no desfallecer.

Eso es lo que le da autoridad a Carlos Páez para decir: no tenemos que disfrazarnos de crisis, hay que retar al cambio, hay que romper paradigmas, hay que salir adelante con actitud y con humildad.

“Yo no soy el tipo que escaló el Everest. Yo soy un tipo normal, como tú, que le tocó algo peor que escalar el Everest. Esta es una historia que te cambia el guión, en tiempos de lucha contra lo previsible” dijo.

Este es un extracto de la conversación que tuvimos.

¿Cómo lograron salir bien en un examen donde no tenían la materia para estudiar?

Nosotros no teníamos idea de lo que nos estaba pasando. Creo que nos fuimos convirtiendo en una especie de máquina para vivir, con lo que aportaba cada uno, lo que aportaba el otro, un trabajo en equipo.

Con los pocos conocimientos que teníamos, un país como el nuestro (Uruguay) que no conoce la nieve, que no conoce la altura, siendo todos chicos, nosotros nos basábamos en lo que habíamos visto en televisión, encontrando recursos muchas veces desconocidos, y finalmente logramos poner a funcionar esa máquina para vivir y salir adelante.

¿Qué cualidades del ser humano afloran en tiempos de crisis?

Afloran cualidades y también desastres, aflora la esencia del ser humano. Aflora la solidaridad, pero también aflora la codicia, la avaricia, la generosidad, una cantidad de sentimientos, pero en nuestro caso afloraron más los positivos que los negativos, para que pudiéramos sacar adelante esta empresa.

Nosotros éramos muy respetuosos del grupo, las cosas se decidían por mayoría. Aunque muchas veces había peleas, había broncas, siempre al final terminábamos abrazados llorando, estábamos en la misma empresa, luchando por nuestra vida, sobre todo por llegara casa.

La decisión del día 10 (comer carne humana) implico la ruptura de paradigmas para sobrevivir. ¿Cuán importante es romper paradigmas en los negocios y en la vida personal?

Romper el paradigma y decidir el tema de la alimentación fue lo que nos dio la salida de los Andes, era lo que nos faltaba resolver. Si no hubiéramos logrado romper ese paradigma no se hubieran abierto las ventanas. Hubiéramos muerto. Queda claro que hay que romper paradigmas. Cuando uno toma una decisión, siempre se abren oportunidades.

¿Y qué es lo que detiene al ser humano para romper paradigmas?

Da mucho miedo cambiar. Quedarse en el fuselaje donde estábamos era lo más cómodo. Salir de ahí, que fue el gran logro de Nando (Parrado) y de Roberto (Canessa), salir a buscar ayuda afuera era romper el paradigma de la comodidad. Salir a ganarle a lo desconocido. Yo me hice amigo del miedo. De lo que no me hice amigo fue del pánico. El miedo se puede transformar en algo potenciador, en un motor.

Hay empresas que han preferido enfrentar la crisis siendo calculadoras, dando prioridad a los resultados numéricos que a la actitud de su personal ¿Están equivocados?

Realmente es un tema de actitud. Los que se guían por números, nos queda claro que se equivocaron. El año pasado vaticinaron que el petróleo iba a estar a $200 el barril, hoy está a $40. Se equivocaron los números. Se equivocaron los financistas. Es una cuestión de actitud, sacarnos el disfraz que tenemos ahora de crisis para ponernos en una actitud positiva. Los números ayudan, pero el tema es de actitud. Yo veo sumergida a la gente en una especie de contagio colectivo de que “estoy en crisis, estoy en crisis, estoy en crisis”. Es de lo único que me hablan todos. En la crisis hay que encontrar las oportunidades.

¿Por qué lo buscan las empresas?

En la historia nuestra está todo lo que debe tener una empresa. La toma de decisiones, trabajo en equipo, liderazgo, racionamiento de recursos… está todo. Lo que nosotros hicimos era lo que se podía hacer para salir adelante. Es lo que tienen que hacer las empresas, nosotros lo hicimos genéticamente, pero con humildad. Algunas empresas son el ejemplo de la arrogancia. No te quepa la menor duda que la arrogancia fue la que desató esta crisis. Yo tengo una máxima de vida: Actitudes soberbias, resultados humildes; actitudes humildes, resultados soberbios. Vas a ver cómo termina (Hugo) Chávez con su actitud arrogante, va a terminar espantosamente. Mira a Hitler cómo terminó, mira a Napoleón cómo terminó, siempre, actitudes arrogantes.

“Se fueron como equipo, volvieron como sociedad” es el nuevo pensamiento del grupo de sobrevivientes de los Andes que transmite su experiencia por el mundo. ¿Qué deben aprender las empresas de la llamada Sociedad de la Nieve?

A mí no me gusta enseñar, lo que puedo decir es lo que nosotros aprendimos. Hay dos ingredientes fundamentales en nuestra historia, uno es la humildad y otro es la actitud. Fue con humildad y actitud como salimos adelante. Esa es la realidad, no hay posibilidad de trabajar en equipo si no hay humildad, no se puede liderar sin actitud. Gracias a eso, salimos de los Andes.

Además de la actitud y la humildad, ¿cómo moldea la crisis el liderazgo y el trabajo en equipo?

El trabajo en equipo es elemental, el ser humano está diseñado para trabajar en equipo. Para lo que no está diseñado es para romper los equipos sociales, la parte arrogante del ser humano es la que rompe los equipos. Me acuerdo en una empresa en que estuve, les dije que debieron haber hecho una convención de humildad en vez de una de trabajo en equipo. La única forma de trabajar en equipo es con humildad, aceptando y respetando los roles de cada uno que fue lo que nosotros hicimos sin saberlo. Nosotros no sabíamos lo que había que hacer, lo hicimos genéticamente y la genética no se equivoca.

“Todavía falta la gran película”

“Esta historia es riquísima, son 70 días de historia intensa, tiene anécdotas de otros también, no solo las mías. Éramos 16 personas, en el fondo son 16 historias diferentes. Creo que todavía no se ha escrito todo lo que se debería escribir, o por lo menos a la película todavía le falta. Todavía falta la gran película”.

Carlitos Páez y Juan Manuel Fernández en Managua (Nicaragua).

Muchos dicen “yo no lo hubiera logrado; yo no hubiera llegado ni al día 10…”

Yo te digo la verdad, el que seguro no lo hubiera logrado era yo. Yo era un chico malcriado, consentido, caprichoso, de familia acomodada, no sabía lo que era el frío, lo que era el hambre, era hipocondríaco. La mitad de mi valija eran remedios. Yo era un tipo que no servía para nada y sin embargo, salí adelante. Si hubiese sido un observador externo, yo hubiera dicho: Carlitos Páez se muere.

Cada vez que recuerda el suceso de los Andes, ¿qué es lo primero que viene a su mente?

El frío. Cuando me hablas de la cordillera de los Andes, mi primer pensamiento es el frío.

¿Qué descubrió Carlos Páez de sí mismo en los Andes?

Descubrí cómo debía trabajar. Descubrí que podía ser solidario, que podía dejar de ser caprichoso, malcriado. Descubrí un nuevo Carlitos después de los Andes, el chico del 13 de octubre (de 1972) quedó ahí. La mía, fue una experiencia absolutamente positiva.

¿Tiene que estar la vida en peligro para dar un viraje a las malas actitudes?

No debería. Lo que intentan las empresas que me contratan es que la gente no llegue a esos momentos para poder cambiar. Adelantarse a los momentos, darse cuenta que tenemos que cambiar antes.

Lo más importante es no depender de lo que pase afuera. Es un tema de cada uno. No es necesario tocar fondo. Un buen líder hace que las empresas no toquen fondo y hace salir a la gente antes.

¿Por qué la gente se interesa tanto por su historia, por el accidente aéreo, por la supervivencia o por haber comido carne humana, etc.?

Antes era una historia asombrosa, pero creo que es porque es una historia de gente común, una historia que hubiera tocado a cualquiera. Ese es el atractivo. A la gente le importa mucho porque es una historia que te cambia el guión, en tiempos de lucha contra lo previsible. La gente no me aplaude porque yo sea un genio. La historia es alucinante.

¿Cuál era el plan de su vida antes de montarse al avión?

Quería trabajar en el campo, estaba estudiando para agronomía. Pero cambió. En mi vida lo permanente fue el cambio.

¿Volvería a tomar un vuelo desde Mendoza con destino a Santiago?

Sí, absolutamente. De hecho he viajado viernes 13 también. El avión es un medio seguro, por algo sigo vivo.

¿Cómo fue la experiencia de volver a volar después del accidente?

Nos rescataron un 22 de diciembre (de 1972), un 28 volví a Montevideo. Fue de los vuelos más lindos que he tomado en mi vida porque fue el regreso a casa. Cuando llegamos a Montevideo parecía la llegada de Uruguay como campeón del mundo. El pueblo entero estaba en la calle. Después de ese vuelo tomé algunos a Buenos Aires, me costaba, al principio me costaba. Ahora me la paso arriba en un avión.

Publicado originalmente en Revista Mercados & Tendencias, mayo 2009

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Publicado por Juan Manuel Fernández C.

Editor de negocios. Periodista. Investigador. Especialista en marketing de contenidos, economía y negocios.

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